lunes, 21 de abril de 2014

COMO COMUNICAR LAS MALAS NOTICIAS


En todas las profesiones, ocasionalmente, hay que dar malas noticias.

Este hecho es siempre importante, pero en Medicina, esta importancia es máxima, como es evidente, y especialmente en las enfermedades Neoplásicas, por su gravedad y pronóstico.

Debe tenerse muy en cuenta el perfil psicológico del paciente y de sus familiares, adquirido desde la infancia. En este sentido, no es lo mismo informar a un niño o a una persona joven, que a un adulto o a un anciano. Los niños, tienen muy poca idea del peligro y menos de la muerte; basta decirles que tienen una enfermedad grave y se dan por satisfechos. En los adultos, en pleno desarrollo de su vida personal y familiar es un golpe muy fuerte; por lo general suelen negar la enfermedad y buscan una segunda opinión, a la que sigue una fase mas o menos corta de “revolución”, en la que están incluso agresivos con todo el mundo, pero pronto pasan a la “colaboración”, cumpliendo lo que se les manda y luchando con coraje para recuperar la salud, y muchas veces lo consiguen. Si su proceso no va bien, pasan a la fase de “entrega”, con objeto de encontrarse lo mejor posible y sobre todo no tener dolor. Con excepciones, estas fases son una realidad, cuya duración no es precisa. En los ancianos, las cosas son muy distintas, pues ya tienen cierta previsión del final del camino, pero también hay que ser muy cuidadoso.

Las malas noticias, debe comunicarlas el médico que ha hecho el diagnostico y ha tratado habitualmente con el enfermo. No es nada aconsejable delegar este importantisimo acto médico, por mucha confianza que se tenga en otro profesional del equipo médico.

Debe decirse siempre la verdad, sin dejar lugar a dudas, si bien conviene hacerlo con la moderación natural, y dejando siempre puertas abiertas a solucionar lo mejor posible la situación.

Se escogerá bien el lugar y la hora, para que exista tranquilidad ambiental, algo escasa en un hospital.

El médico debe mostrarse sereno y seguro de lo que está haciendo, pues bastante preocupado está el enfermo.

Deben buscarse soluciones razonables y seguras para el tratamiento de la enfermedad, y no basarse en remotas posibilidades, de escasísima verosimilitud, que no sirven más que para producir sufrimiento y costos de todo tipo.

Se contestará con paciencia a todas las cuestiones que plantee el paciente, sin preocuparse del tiempo que nos lleve hacerlo, pues ese tiempo siempre es muy rentable en los acontecimientos futuros.

Se deben de hacer alusiones a las complicaciones que previsiblemente aparecerán, pero no conviene matizarla exageradamente.

No es bueno hablar de porcentajes, salvo que sean sumamente favorables.

En estas comunicaciones conviene que esté también algún allegado que, posteriormente, le aclarará alguna duda que pueda tener sobre la conversación; pero que no sea la plaza publica, que sea el paciente el que se lo comunique a quien tenga a bien.

Es importante que el enfermo sepa con claridad, que vamos a estar SIEMPRE a su lado, en toda la evolución de su proceso, si él lo desea.

Una segunda opinión, es aconsejable, para confirmar el diagnostico, y dejar al paciente y a su familia mas tranquilos.

De este modo, todo marchara bien y sin sobresaltos.

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